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viernes, 14 de agosto de 2009

La Meditación de Thaïs

Había una vez en un Egipto sometido a la dominación griega una cortesana llamada Thaïs, adoradora de Venus. Atanael, un monje cenobita, la intenta convencer para que se convierta al cristianismo, y lo logra.
Luego resulta que las intenciones del monje no eran tan puras como parecían. Pero la conversión de Thaïs es auténtica y el monje descubre su pasión por Taïs un poco tarde. Corre tras ella al convento, pero la encuentra agonizante y en una visión de la gloria celestial. Mientras le confiesa su amor, ella muere. Él queda sólo suplicando a Dios el perdón...
Madre mía, no hace falta decir que esto es carne de cañon para una ópera romántica, ¿Verdad?
Así lo entendió el francés Jules Massenet (1842-1912), que compusó una ópera con el nombre de la cortesana Thaïs, y la estrenó en la ópera Garnier de Paris en Marzo de 1894.
Cartel original del estreno
Lo que no podía saber Massenet es que de su obra lo que sobreviviría con vida propia es un entreacto musical, entre la primera y la segunda escena del Acto II. Mientras Thaïs medita sobre la propuesta del monje de dejar la vida de lujuria y placer y cambiarla por su salvación a través de Dios. Es la Meditación de Thaïs.

Compuesta originalmente para violin, con acompañamiento de arpa y orquesta. De hecho la orquesta es romántica, es decir que no es moco de pavo, aunque se pasa casi todo el tiempo haciendo de colchón al instrumento solista.

Está escrita en la tonalidad de Re Mayor y ojo al tempo "Andante religioso", que lo dice todo sobre las intenciones del autor.

La pieza ha sido versionada para un montón de instrumentos solistas y, como no, para nuestra protagonista, la flauta.

Si queréis descargaros la partitura, aquí.
James Galway fue uno de los flautists que popularizó la melodía,
Pero la versión que os proponemos es la de Irene Jiménez, estudiante de grado profesional del Conservatorio de Jaén, acompañada por el grupo de flautas del curso Manuel Garijo en la edición de éste año. Bravísima Irene!

Saludos,

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estuvo excelente la interpretación de Irene, sin darme cuenta al final se me escurrían las lágrimas... gracias por este momento de reflexión. Estoy en mis cinco minutos de desestrés en la oficina y valieron la pena, por todo el día.
Desde Xalapa, Veracruz, México. Gracias.