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martes, 25 de agosto de 2009

¿Por qué un mes de los Caballeros?

Hay cosas, ideas, objetos, frases que en cuanto las ves dices, ¡Esto me gusta! ¡Qué fascinante!.
Yo, que he vivido bastante tiempo en Castilla, concretamente en Burgos, me siento especialmente cercano a toda la historia que se encierra en la tierra castellana. La primera vez que quedé en Burgos, fue en la estatua del Cid, al final del Paseo del Espolón - un poquito más allá de la farmacia de los Frühbeck, los del director-. El Cid, Caballero castellano espada en ristre. Majestuoso.
Así pues, en cuánto encontré en internet la página de los Caballeros del Traverso no pude menos que sonreirme y decir ¡Qué gran idea!.
Y como tal, la hemos ido viendo desde la barrera, y esperando un buen momento para hablar a fondo de la Orden de los Caballeros del Traverso y sus locos (nosotros) seguidores.
Vamos a intentar, en el tiempo que queda hasta el fin de semana de las nuevas investiduras, conciertos y clases magistrales - un mes - dedicar una serie de posts a la Orden, a sus miembros activos, a sus miembros honorarios, a sus damas...a todo lo que se tercie.
Para empezar, y durante todo el mes, estará en la esquina superior derecha de nuestro blog el escudo de los Caballeros, con un enlace a su página web. Los pocos que no la hayáis visitado, ya estáis tardando :-)
¿Por qué todo un mes? Porque entre Caballeros y Damas creemos que están representados la mayoría de l@s mejores flautas del Estado. Y esperamos sigan creciendo así.

Lo primero es lo primero. Antes de hablar de la Orden, en este post vamos a situar un poco el contexto en el que se mueven las Órdenes de Caballeros.

Los orígenes de los Caballeros se remontan a la baja Edad Media, en el terreno feudal. Eran militares profesionales que usaban el caballo en la batalla.
En toda Europa, a causa de las Cruzadas por la recuperación de la Tierra Santa se agrupan los caballeros y se forman las primeras órdenes de Caballería. En España, la situación es especial, porque las órdenes de Caballería se usaban también en la lucha por la Reconquista de la península a los árabes.
Los caballeros estaban, y están, organizados en torno a unas estructuras formalmente establecidas, aprobadas por el rey, y actuaban de acuerdo a unos códigos de conducta determinados.
La Orden la dirige el Maestre, que tiene la potestad un determinado número de veces al año (normalmente una), de nombrar Caballeros, también llamados Freires.
Una sátira de las órdenes de caballería es por todos conocida en la novela española más universal, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Cada orden tenía y tiene su heraldo (escudo), que representa a la orden y, de alguna forma, la define frente a la Cristiandad y la comunidad en la que se mueve.
Hay dos grandes clases de Órdenes: las militares y las ecuestres.
Dentro de las ecuestres se reconocen las pontificias, magistrales, de corona, estatales, dinásticas e independientes.
Había un Código para las órdenes de Caballería, que puede establecerse así,
  • Valor: Buscar la excelencia en todas las tentativas que se esperan de un caballero, ya sean marciales o de otro tipo, tratando de encontrar la fuerza necesaria para ser usada al servicio de la justicia, en vez de para el engrandecimiento personal.
  • Justicia: Buscar siempre el camino hacia 'lo justo' sin las trabas que suponen los prejuicios o el interés personal. Darse cuenta de que la espada de la justicia puede ser terrible, por lo que debe ser atemperada por la humanidad y la clemencia. Si lo que tú ves como 'justo' concuerda con lo que ven los demás y lo buscas sin doblegarte a la tentación de tu propia conveniencia, entonces merecerás un bien ganado renombre.
  • Lealtad: Ser conocido por tu inquebrantable compromiso con la gente y con los ideales por los que decidiste vivir. Hay muchas cosas que requieren un término medio; la lealtad no es una de ellas.
  • Defensa: El caballero ideal estaba obligado por su juramento a defender a su señor feudal y a todos aquellos que dependían de él. Tratar siempre de defender a tu nación, a tu familia y a todos aquellos a los que tú consideras dignos de tu lealtad.
  • Coraje: Ser un caballero significa, a menudo, elegir el camino más difícil, el más costoso a nivel personal. Estar preparado para hacer sacrificios personales al servicio de los preceptos y de la gente que valoras. Pero, al mismo tiempo, un caballero debe buscar la sabiduría que le haga ver que la estupidez y el coraje son primos hermanos. Coraje también significa optar en todo, antes que por la mentira fácil, por la verdad. Buscar la verdad cuando sea posible, pero acordándose de atemperarla con la clemencia, porque la verdad pura puede llevar al dolor.
  • Fe: Un caballero debe tener fe en sus creencias; la fe le libra del desarraigo y le da esperanza para luchar contra la desesperanza que suponen las debilidades humanas.
  • Humildad: Valorar primero las contribuciones de los demás; no jactarse de los propios logros, dejar que eso lo hagan los demás por ti. Contar las hazañas de los demás antes que las propias, otorgándoles el renombre bien ganado mediante actos virtuosos. De esa forma, se glorificará al oficio de caballero, ayudando no sólo a las personas de las que se habla, sino a todos aquellos que se llamen a sí mismos caballeros.
  • Generosidad: Ser generoso en la medida en que los recursos propios lo permitan; la generosidad usada de esta manera es contraria a la gula. La generosidad hace más fácil el camino de la clemencia para discernir cuando se hace necesaria una decisión difícil.
  • Nobleza: Buscar la grandeza de carácter manteniéndose fiel a las virtudes y tareas de un caballero, dándose cuenta de que, aunque los ideales no puedan ser alcanzados, el hecho de esforzase por hacerlo ennoblece el espíritu y hace que el carácter crezca desde las cenizas hasta la gloria. La nobleza tiene tendencia a influir en los demás, ofreciendo un buen ejemplo de lo que puede hacerse al servicio de lo justo.
  • Franqueza: Tratar de hacer todo de lo que hemos hablado de forma tan sincera como sea posible, no en razón de un beneficio personal, sino porque es lo correcto. No restrinjas tu exploración a un mundo pequeño; busca infundir de estas cualidades cada aspecto de tu vida. Si lo consigues, aunque sea en una pequeña medida, serás recordado por tu calidad humana y tus virtudes.
Cada orden hace especial hincapié en algunos de los valores que arriba se mencionan
En "El Rincón del Vago", hay un texto muy intersante sobre el tema, que podéis leer On-line
o descargar.Aquí.

Otro documento irreemplazable para conocer el mundo de las Órdenes de Caballería es el Libro del Orden de Caballería, del mallorquín Ramon Llull. Este libro serviría para el otro gran coloso de la literatura caballeresca catalana, Tirant lo Blanc de Joanot Martorell.
El documento traducido al castellano lo tenéis aquí, en la biblioteca virtual Miguel de Cervantes.
No tiene desperdicio.

Bueno no vamos a alargarnos más. A estas alturas ya sabemos los siglos que hay detrás de una Orden de Caballería. Lo que queda tras pasar por el cedazo inexorable del tiempo son los valores que definen la Orden y que hacen que sus miembros estén orgullosos de pertenecer a ella.
Aquí vemos a James Galway el día que le nombraron Caballero, con derecho a ser llamado Sir James Galway.


En el próximo post hablaremos de los orígenes de la Real, Ilustre y Venerable Orden de los Caballeros del Traverso, sus valores y heraldo. Esta orden ha elegido como 'arma' la flauta y los torneos en los que exhiban sus habilidades prometen ser como poco tan emocionantes como las justas medievales.
Y ahora para no ser tan serios, os propongo que echéis un vistazo a las aventuras de unos caballeros un poco desastrosos.


Saludos,





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