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jueves, 24 de septiembre de 2009

Dous - Bi - Dos - Dos / Two - Deux - Due - Zwei

Estamos a punto de concluir el mes dedicado a la Muy Ilustre y Real Orden de los Caballeros del Traverso.

En este mes hemos tenido un poco de todo, perfiles, agenda del fin de semana, pasatiempos basados en la idea, fotografías, etc.

Hoy el post es más, mucho más reflexivo.

La idea de la Orden de los Caballeros me ha fascinado desde el principio por una serie de razones que van más allá de lo que superficialmente he comentado estos días atrás.

Tengo la opinión de que la sociedad privada civil, en lo que se refiere a la música “clásica”, es poco sensible a la financiación y sostenimiento de un entramado profesional que cubra sus propias necesidades artísticas.

Los medios habituales , entradas, abonos, suscripciones,… sólo sirven para financiar muy parcialmente la maquinaria profesional musical.

No es posible comparar la atracción de este tipo de música con la ejercida por otros estilos más populares, que sí encuentran en capas de la población un soporte financiero suficiente.

El Estado español es muy desigual en lo referente al bagaje histórico y soporte popular hacia la música “culta”. Ya no hablamos de “vanguardias”, sino de cualquier representación musical, desde los madrigales hasta la más rabiosa modernidad.

Parece que buena parte del entramado cultural musical se sostiene gracias a la financiación pública, en sus diferentes niveles, y a las grandes fundaciones dependientes de la gran banca o grandes corporaciones.

El Levante español, sólo en parte, es una excepción, sobre todo en lo que se refiere a las bandas de música.

Visto desde un criterio meramente empresarial, la oferta no es capaz de suscitar en la demanda un interés suficiente para que se decida a invertir en el producto musical.

Entendiendo la música clásica como un bien más dentro del mercado cultural, y con unas limitaciones evidentes de presupuesto, la sociedad privada civil opta por bienes de substitución que llenen sus necesidades culturales.

Cuando esto ocurre, si no está presente la intervención de los poderes públicos, los ofertantes deben tomar iniciativas para hacer ver al consumidor la conveniencia de consumir su bien frente a otras alternativas.

Tras la sequía cultural de varios decenios en determinadas zonas del Estado se está avanzando rápidamente hacia una situación de normalización en algunas áreas. La construcción de auditorios suele conllevar la creación de orquestas afiliadas a los mismos, que terminan por profesionalizarse, o casi. La recuperación del patrimonio musical perdido también abre paso a una necesidad que hay que cubrir con recursos profesionales.

No podemos olvidar, bajo este prisma, experiencias del pasado más lejano como la del Orfeó Català, tristemente noticia en estos días, que fue capaz de movilizar una buena parte de la sociedad pequeño burguesa y obrera catalana para construir nada menos que el Palau de la Música, una de las joyas arquitectónicas modernistas mejores de todo el Estado.

Dicho todo esto, también creo que el músico, en tanto que profesional, tiene una responsabilidad en la presentación de su arte ante la sociedad privada civil, y debe utilizar medios nuevos, originales y efectivos para su difusión, asegurar la continuidad del mismo y aumentar la demanda de su consumo.

Lo cierto es que, antes de llegar a todo lo anterior, es necesario crear un estado de opinión y tener unos recursos profesionales suficientes para poder cubrir el aumento de la demanda.

Bajando al terreno de la flauta, la flauta es un instrumento que, por su ubicación y número en las orquestas, precisa de formas alternativas de profesionalización, dado que las orquesta no podrán, de ninguna manera, cubrir la oferta de profesionales preparados.

La cantera parece que está asegurada con la creación de Conservatorios Profesionales y Superiores de los últimos años; y a un nivel más preparatorio las escuelas musicales a lo largo de todo el territorio.

Ante este panorama, cualquier iniciativa no soportada por la financiación pública, y que tenga como finalidad la difusión del instrumento, es una noticia que debe alegrarnos a todos.

Que buena parte de las mejores flautas del Estado se reúnan, con la excusa que sea, para hacer música y establecer vínculos, es una noticia de relieve.

Si además a la reunión se le da un toque de originalidad y se la reviste de una serie de valores extramusicales, tanto mejor. El alcance de una iniciativa de esta clase creo que va más allá de lo que los propios integrantes llegan a columbrar.

Buena parte de los integrantes de la Orden de los Caballeros tiene responsabilidades docentes y extiende su influencia bastante más allá de su propia experiencia personal. Bajo esta perspectiva, el hecho de que un grupo profesional integrado por miembros muy relevantes en su campo se agrupe civil y privadamente para la difusión de su propio arte abre un camino que puede llegar mucho más lejos de lo que inicialmente se habían propuesto sus miembros. La membresía en la Orden viene determinada por los méritos profesionales del postulante, lo que garantiza una permanente visión de referencia de la misma sobre su ámbito de actuación.

La ubicación geográfica de sus miembros además es supra-autonómica, por tanto tienen una visión (input) y una influencia (output) global de y sobre lo que ocurre en el conjunto del Estado.

Tal vez la idea empezó como otra cosa, pero la calidad de sus integrantes y la necesidad que tiene el Estado y el colectivo de iniciativas de este tipo pueda y deba llevar a la Orden a avanzar en su propio camino hacia metas más exigentes.

Es un camino que de ninguna manera entra en conflicto con otras iniciativas corporativas, del género asociación, agrupación, federación, convención…también imprescindibles y básicas para la defensa y promoción del profesional y del que está camino de serlo.

Bueno, hasta aquí mis reflexiones. Los que hayáis leído estas líneas y otras entradas habréis podido ver que éste no es mi estilo habitual en el blog. Esto es excepcional, como lo es la iniciativa de la Orden de los Caballeros.

Sin imágenes. A palo seco.

Saludos,

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