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martes, 22 de septiembre de 2009

Sobre las Escuelas Flautísticas

Nos ha llegado desde Pontevedra este artículo de opinión escrito por Alex Alonso.
El tema que plantea es de plena actualidad y su tratamiento está visto desde el punto de vista de alguien que vive el mundo de la flauta desde dentro y con la autoridad del que ha hecho de éste su medio de vida.
Alex nos advierte de que es una visión personal y subjetiva. Por supuesto que sí, y gracias a Dios que es así.
Lo vemos tan intersante que lo reproducimos íntegramente. De hecho con él inauguramos un nuevo Tag al que llamaremos Cinco Estrellas y en el que iremos agrupando las entradas que consideramos de ese nivel.


LAS ESCUELAS FLAUTISTICAS Y LA GLOBALIZACION

( una visión personal y subjetiva, como la música)


La inercia quen mi generación ( la de Julia Gallego, Vicent Morelló, Mónica Raga o Pakito Varoch…) tenía de emigrar era premisa obligatoria para conseguir unos conocimientos que con nuestra insolencia juvenil creíamos inexistentes en España y que con la perspectiva de los años habrían significado la búsqueda inconsciente, bien en Francia, Holanda, Inglaterra o Estados Unidos, de un reconocimiento o tarjeta de presentación que nos permitiera pelear en una oposición para una Orquesta. Pero en realidad, en nuestras mentes bohemias, sólo teníamos como objetivo buscar nuestro 100% como músicos flautistas. Lo que encontrábamos en España en esos años 80 y 90 era una escuela francesa tradicional, que quizás, por su característico sonido bonito pero pequeño, no permitía mostrar ese arranque o carácter más temperamental que nos caracteriza a muchos. El día que oímos el sonido bonito pero descomunal del grande de los grandes, el santanderino Jaime Martín, muchos de nosotros entendimos que se podía tener un gran sonido sin tener que tocar ”a la inglesa”. Pero, entrando en materia, ¿ a qué escuela había que dirigirse para tocar como Jaime?, o dicho de otra manera, ¿a qué escuela pertenecía ese sonido tan completo?. Si lo observabas de cerca, no te cuadraba el hecho de que apretara los labios hasta lo ilógico y que literalmente se “merendara” tres cuartas partes de la boquilla, ESO ESTABA PROHIBIDO, todos conocíamos el dibujito del Altés, incluso la escuela más tradicional francesa no pasaba de obturar la mitad a lo sumo!!!. Ahí aparecía la simplicidad mozartiana de Jaime, y no sé bien si por su influencia holandesa o inglesa, resolvía todo el sacrilegio poniendo una garganta de pelícano y con una presurización del aire al estilo de los oboístas. Por si no quedabas anodadado con sus “atrevimientos”, aún quedaba la traca final, que consitía en una serie de preguntas marcianas para nosotros hasta la fecha: ¿te gusta tu sonido? ¿ cómo imaginas tu sonido ideal?. Nuestra reacción era del tipo: ¿ me está tomando el pelo?, ¿desde cuándo cuenta mi opinión en el proceso de aprendizaje?. Sus “simples” preguntas han sido y siguen siendo, a día de hoy, el motor y la llave de nuestra motivación como intérpretes, y fundamentalmente a nivel docente. La pregunta es inevitable ¿ por qué no se le había ocurrido a nadie antes utilizar los mejores recursos de la escuela inglesa, holandesa, francesa e americana?. La respuesta positiva sería imaginarse a uno mismo dando clase en un Conservatorio utilizando con plena libertad los recursos necesarios para cada caso concreto sin dogmas ingleses o franceses. Recuerdo una ocasión, de vuelta de conocer a Julius Baker en Estados Unidos, en la que conversando con Peter Lloyd sobre mi “aventura americana”, sin dudarlo, pero con esa flema diplomática propia de un James Bond a la antigua, ironizó: “Lo único que me diferencia de nuestro colega Baker es la pronunciación de la palabra “patata”(ya sabéis, el inglés de Londres vs. el acento Ruso-Italo-americano de Baker, e.p.d.), por lo demás, tocamos igual”, concluyó serio. Reconozco que técnicamente eran clones, separados sólo por el Océano Atlántico. Si por el contrario enfrentamos la tradicional e inmortal escuela francesa con su opuesta inglesa (lo de opuesta es por su histórica rivalidad), al estudiarlas por separado llegamos a la encrucijada de siempre:

¿ cuán grande puedo tener mi sonido inglés sin sacrificar mi superelasticidad francesa?. Sin ánimo de romper moldes, siguiendo la pauta Martiniana de la simplicidad y sin que me oiga ningún inglés de la quinta de Kate Hill y ningún francés tradicionalista hipersensible, el punto de equilibrio entre las dos grandes escuelas lo encontraríamos en la escuela holandesa: mega-proyección del sonido, flexibilidad infinita y libertad expresiva sin límites… en este punto sería justo mencionar a la que hace ya muchos años mejor entendió todo este lío de escuelas, Magdalena Martínez, que en el punto óptimo de su conocimiento y automatización de la escuela francesa tradicional, entendió rápidamente que la guinda del pastel era la gran proyección del sonido que amablemente insinuaba a su alumnado Peter Lloyd. Permitidme una última reflexión: todos sabemos que la combinación de recursos técnicos que usa Magdalena Martínez es radicalmente diferente a los empleados y claramente explicados por Jaime Martín, y vaya por delante que un novato como yo no se atrevería a encuadrar a ninguno de ellos en alguna de las escuelas tradicionales mencionadas, ¿serían pues dos claros ejemplos de la globalización flautística?, si vuestra respuesta es afirmativa, asistiríamos a la dicotomía siguiente: ¿globalización significaría unificación de escuelas y/o libertad absoluta al mismo tiempo?. Dejo mi respuesta a mi maltrecho oído: son los dos sonidos (el de Jaime y el de Magdalena) más completos que he oído jamás.

PD: como dijo una alumna de flauta ahora famosa: “es sólo una opinión subjetiva más”… a lo que le repliqué: “…subjetiva, pero olvidas lo mejor: es una opinión libre.”

Por Alex Alonso, profesor de flauta del Cmus Pontevedra y Artista Pearl de España.

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