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lunes, 8 de noviembre de 2010

Interpretación musical y postura corporal

Hace más de un año una de nuestras entradas comenzaba:" Dando una vuelta por la Feria del Libro este año, hemos localizado una librería: EL ARGONAUTA dedicada a libros de música..."; esta vez podemos decir: visitando la Feria del Libro de este año hemos vuelto a El Argonauta y nuevamente no nos ha defraudado. Entre otros hemos encontrado uno de esos libros que tanto nos gustan - me gustan ;) - sobre la prevención. Su título Interpretación musical y postura corporal. Según sus autores, Susanne Klein-Vogelbach (lamentablemente fallecida antes de su conclusión), Albrecht Lahme e Irene Spiri-Gantert, " Un desafío para músicos, profesores, terapeutas y médicos ".



Se trata de un libro muy interesante editado en castellano , con traducción de Francisco Fernández del Pozo, por Akal - Akal Música -este mismo año, su versión original sin embargo es del 2000. La idea de este libro surge en el I Congreso de Medicina Aplicada a los Músicos. (Sí habéis leído bien ¡un congreso de medicina aplicado a músicos! :O ) Es aquí donde se concluye la imperiosa necesidad del trabajo en equipo de médicos, fisioterapeutas y profesores de música. 

En esta obra se conceptúa al músico - y ya esto me parece muy acertado - como un 'deportista de élite', con una carga intelectual, física y psíquica muy elevadas  y a la que además hay que añadir  factores de estrés como la irregularidad de las actuaciones y las malas condiciones de trabajo (foso de orquesta angostos, asientos, malos, etc). Como dicen sus autores en el prólogo, pretende presentar los principios más importantes para la prevención y el tratamiento desde el puento de vista de todos los interlocutores además de ser un asesor para los músicos y los terapeutas que los tratan, no pretende ser un manual para médicos sino un libro de consulta para los médicos interesados, todo ello con en un lenguaje al alcance de cualquiera de nosotros. Pretende indicar medios concretos para solucionar problemas individuales de los músicos afectados.

Consta de  una  introducción y tres grandes  apartados :
          
1. Salud (integridad): 
1.1 La salud y la profesión del músico
1.2 La movilidad normal: introducción a la Teoría funcional del movimiento

2. Prevención: la prevención primaria:
2.1 La postura correcta del cuerpo como base la de la prevención
2.2 Fundamentos de medicina para músicos y profesores de música
2.3 La técnica instrumental sobre principios fisiológicos
2.4 El miedo escénico
2.5 Ergonomía y constitución física
2.6 Entrenamiento básico para los músicos

3. Glosario de fisioterapia: conceptos importantes de la Teoría funcional del movimiento

    Como podéis observar es de lo más completo. Está muy bien estructurado incluso visualmente. Comienza los apartados y subapartados con un sumario, resalta conceptos importantes, tiene ejemplos, incluye deficiones necesarias para comprender el texto, todo ello recuadrándolo en rojo o gris , con admiraciones o flechas, lo que hace fácil su identificación. Completa todo con un gran número de fotografías e ilustraciones y una amplia bibliografía al final de cada apartado y subapartado.


    A excepción del punto 2.3.3. Principios de prevención para las distintas familias instrumentales, trata sobre temas generales interesantes para todas las familias de instrumentos y ya en ese apartado en concreto, especial atención merece para vostr@s flautistas la parte que dedica en exclusiva a la flauta travesera desde la página 166 a la 169 ambas incluidas. 


    Eso sí, no es un libro para leer en un par de horas, por encima. Es para ir poco a poco, con tiempo .  Creo que si se ponen en práctica sus enseñanzas podemos casi garantizar una larga vida como músicos en activo y en perfecto estado de revista.


    Saludos,

    jueves, 4 de noviembre de 2010

    Alberto Savinio y la flauta

    Alberto Savinio es un seudónimo de Andrea de Chirico, el hermano del pintor creador de la escuela metafísica. Para ver su biografía mejor os pasáis por la Wiki, aquí, y le dais un repaso.

    Hoy le traemos a nuestro blog por la reedición en castellano de su obra Nuova Enciclopedia por Acantilado y con excelente traducción de Jesús Pardo de Santayana.

    La Enciclopedia no tiene desperdicio, ni vergüenza :-) y como muestra os pongo la entrada dedicada a vuestro instrumento.

    La Flauta

    Al tocador de flauta le depara proverbialmente el destino una suerte desdichada, y, a este respecto, se cuenta la siguiente anécdota. Tres músicos, uno flautista, tocador de trombón el otro y de bombo el tercero, decidieron irse por esos mundos con idea de ganarse el pan dando pequeños conciertos. Llegaron a la corte del zar de Bulgaria, y éste, estando aquel día de buen humor, dio orden , después del concierto, de que a los tres músicos les llenaran los instrumentos de monedas de oro. Muchas recibió el trombón, muchísimas el bombo, pero ni siquiera se pudo introducir una por la boca de la flauta. Trombón y Bombo, por compasión, dieron algunas monedas a su compañero, y de Bulgaria se encaminaron hacia Constantinopla, donde el sultán, que aquel día estaba de mal humor, antes incluso de oír el concierto dio orden de que a cada uno de los tres músicos le metieran el instrumento por el trasero. No fue posible contentar al Señor de los creyentes en el caso del trombón y el bombo, pero sí en el del pobre flautista, al que dieron por el c... con su flauta, cuan larga era, y con todas las llaves.

    La flauta además de ser el más antiguo de los instrumentos de música, es el más natural, el instrumento por excelencia, porque , a través de nuestro hálito se puede decir que en la flauta lo que canta es nuestra alma.
    Para obtener el sonido de la flauta es preciso soplar dentro del pequeño orifico superior practicado en el cilindro del instrumento y pronunciar el monosílabo te, de modo que las notas de una melodía para flauta son una serie de sonidos iguales te te te. Las mujeres amadas por los flautistas podrían decirnos qué sabor tienen los besos dados al son del te te te; pero no nos lo dirán nunca. Las mujeres son enemigas de la confesión, excepto cuando es con una confesora. Freud, al final de su larga experiencia de investigador del alma escribe: "No he conseguido jamás sacarle una confesión a ninguna de mis clientas".

    La flauta era la vida secreta de Federico, su vida poética, el canto de su alma solitaria. Una noche el Kronprinz, de dieciséis años, fue hallado por su padre sentado sobre el alféizar de la ventana, con las piernas colgando en el vacío, todo desgreñado y absorto, tocando la flauta al claro de luna. A modo de castigo, el rey sargento le puso al cuello una argolla de cortina y, de no haber intervenido a tiempo algunos funcionarios de palacio, Federico no habría llegado a merecer el titulo de "grande" con el que le distingue la historia, porque habría muerto estrangulado muchos años antes.
    Federico aprendió a tocar la flauta por sí solo, y, al principio, la tocaba mal. Luego se fue perfeccionando, bajo la égida de Quantz. el célebre flautista que le había enviado el rey de Polonia.
    Éste estaba loco por la música y le gustaba rodearse de músicos, pero también de las más bellas mujeres de su reino, y, habiendo , como consecuencia de tan asiduo entorno, llegado a tener trecientos cincuenta y cuatro hijos varones, tuvo la satisfacción y el orgullo de formar toda una compañía de soldados compuesta de carne de su carne y sangre de su sangre; y era una gloria ver a aquellos espléndidos soldadotes, todos ellos parecidísimos entre sí , presentar armas a su papá con bella precisión.

    El Dios Pan era también aficionado a la flauta, y la tocaba entre el mediodía y la una de la tarde. Pan, no tocaba la flauta exactamente, sino la ¡Siringa!

    ...

    Saludos,

    Federico el Grande sellado

    En nuestra colección de sellos hoy un sello basado en una pintura bien conocida por los flautistas. El retrato de Federico II de Prusia tocando la flauta en concierto, inmortalizado por Adolph von Menzel.
    Eso sí el sello sólo recoge un detalle de la pintura, que es en realidad mucho mayor.

    En este caso Berlín de una Alemania aún no reunificada de 1986 emitió este sello para conmemorar el 200 aniversario de la muerte de Friedrich der Grosse.



    Saludos,

    miércoles, 3 de noviembre de 2010

    Classical Podcasts

    Desde las primeras entradas no habíamos comentado más creadores de Podcasts para descargar en un iPod o en cualquier reproductor digital.


    En esta ocasión traemos uno desde los USA. Podéis visitarlo en su página web, enlazada en el título o a través del iTunes, aquí.



    Hay una buena serie de episodios para bajar y entre ellos especialmente una entrevista a la compositora y flautista Katherine Hoover, realizada en el mes de agosto.


    Espero que os resulte interesante y útil para practicar la lengua inglesa.

    Saludos,



    Grandes Esperanzas

    En nuestro apartado de flauta literaria os propongo un capítulo del libro de Dickens Grandes Esperanzas, concretamente el capítulo 31. Es éste,

    ....


    CAPITULO XXXI
    A nuestra llegada a Dinamarca encontramos al rey y a la reina de aquel país sentados en los sillones y sobre una mesa de cocina, celebrando una reunión de la corte. Toda la nobleza danesa estaba allí, al servicio de sus reyes. Esa nobleza consistía en un muchacho aristócrata que llevaba unas botas de gamuza de algún antepasado gigantesco; en un venerable par, de sucio rostro, que parecía haber pertenecido al pueblo durante la mayor parte de su vida, y en la caballería danesa, con un peine en el cabello y un par de calzas de seda blanca y que en conjunto ofrecía aspecto femenino. Mi notable conciudadano permanecía tristemente a un lado, con los brazos doblados, y yo sentí el deseo de que sus tirabuzones y su frente hubiesen sido más naturales.
    A medida que transcurría la representación se presentaron varios hechos curiosos de pequeña importancia. El último rey de aquel país no solamente parecía haber sufrido tos en la época de su muerte, sino también habérsela llevado a la tumba, sin desprenderse de ella cuando volvió entre los mortales. El regio aparecido llevaba un fantástico manuscrito arrollado a un bastón y al cual parecía referirse de vez en cuando, y, además, demostraba cierta ansiedad y tendencia a perder esta referencia, lo cual daba a entender que gozaba aún de la condición mortal. Por eso tal vez la sombra recibió el consejo del público de que «lo doblase mejor», recomendación que aceptó con mucho enojo. También podía notarse en aquel majestuoso espíritu que, a pesar de que fingía haber estado ausente durante mucho tiempo y recorrido una inmensa distancia, procedía, con toda claridad, de una pared que estaba muy cerca. Por esta causa, sus terrores fueron acogidos en broma. A la reina de Dinamarca, dama muy regordeta, aunque sin duda alguna históricamente recargada de bronce, el público la juzgó como sobrado adornada de metal; su barbilla estaba unida a su diadema por una ancha faja de bronce, como si tuviese un grandioso dolor de muelas; tenía la cintura rodeada por otra, así como sus brazos, de manera que todos la señalaban con el nombre de «timbal». El noble joven que llevaba las botas ancestrales era inconsecuente al representarse a sí mismo como hábil marino, notable actor, experto cavador de tumbas, sacerdote y persona de la mayor importancia en los asaltos de esgrima de la corte, ante cuya autoridad y práctica se juzgaban las mejores hazañas. Esto le condujo gradualmente a que el público no le tuviese ninguna tolerancia y hasta, al ver que poseía las sagradas órdenes y se negaba a llevar a cabo el servicio fúnebre, a que la indignación contra él fuese general y se exteriorizara por medio de las nueces que le arrojaban.
    Últimamente, Ofelia fue presa de tal locura lenta y musical, que cuando, en el transcurso del tiempo, se quitó su corbata de muselina blanca, la dobló y la enterró, un espectador huraño que hacía ya rato se estaba enfriando su impaciente nariz contra una barra de hierro en la primera fila del público, gruñó:
      Ahora que han metido al niño en la cama, vámonos a cenar.
    Lo cual, por lo menos, era una incongruencia.
    Todos estos incidentes se acumularon de un modo bullicioso sobre mi desgraciado conciudadano. Cada vez que aquel irresoluto príncipe tenía que hacer una pregunta o expresar una duda, el público se apresuraba a contestarle. Por ejemplo, cuando se trató de si era más noble sufrir, unos gritaron que sí y otros que no; y algunos, sin decidirse entre ambas opiniones, le aconsejaron que lo averiguara echando una moneda a cara o cruz. Esto fue causa de que entre el público se empeñase una enconada discusión. Cuando preguntó por qué las personas como él tenían que arrastrarse entre el cielo y la tierra, fue alentado con fuertes gritos de los que le decían «¡Atención!» Al aparecer con una media desarreglada, desorden expresado, de acuerdo con el uso, por medio de un pliegue muy bien hecho en la parte superior, y que, según mi opinión, se lograba por medio de una plancha, surgió una discusión entre el público acerca de la palidez de su pierna y también se dudó de si se debería al susto que le dio el fantasma. Cuando tomó la flauta, evidentemente la misma que se empleó en la orquesta y que le entregaron en la puerta, el público, unánimemente, le pidió que tocase el Rule Britania. Y mientras recomendaba al músico no tocar de aquella manera, el mismo hombre huraño que antes le interrumpiera dijo: «Tú, en cambio, no tocas la flauta de ningún modo; por consiguiente, eres peor que él.» Y lamentó mucho tener que añadir que las palabras del señor Wopsle eran continuamente acogidas con grandes carcajadas.
    Pero le esperaba lo más duro cuando llegó la escena del cementerio. Éste tenía la apariencia de un bosque virgen; a un lado había una especie de lavadero de aspecto eclesiástico y al otro una puerta semejante a una barrera de portazgo. El señor Wopsle llevaba una capa negra, y como lo divisaran en el momento de entrar por aquella puerta, algunos se apresuraron a avisar amistosamente al sepulturero, diciéndole: «Cuidado. Aquí llega el empresario de pompas fúnebres para ver cómo va tu trabajo.» Me parece hecho muy conocido, en cualquier país constitucional, que el señor Wopsle no podía dejar el cráneo en la tumba, después de moralizar sobre él, sin limpiarse los dedos en una servilleta blanca que se sacó del pecho; pero ni siquiera tan inocente e indispensable acto pasó sin que el público exclamara, a guisa de comentario: «¡Mozo!» La llegada del cadáver para su entierro, en una caja negra y vacía, cuya tapa se cayó, fue la señal de la alegría general, que aumentó todavía al descubrir que entre los que llevaban la caja había un individuo a quien reconoció el público. La alegría general siguió al señor Wopsle en toda su lucha con Laertes, en el borde del escenario y de la tumba, y ni siquiera desapareció cuando hubo derribado al rey desde lo alto de la mesa de cocina y luego se murió, pulgada a pulgada y desde los tobillos hacia arriba.
    Al empezar habíamos hecho algunas débiles tentativas para aplaudir al señor Wopsle, pero fue evidente que no serían eficaces y, por lo tanto, desistimos de ello. Así, pues, continuamos sentados, sufriendo mucho por él, pero, sin embargo, riéndonos con toda el alma. A mi pesar, me reí durante toda la representación, porque, realmente, todo aquello resultaba muy gracioso; y, no obstante, sentí la impresión latente de que en la alocución del señor Wopsle había algo realmente notable, no a causa de antiguas asociaciones, según temo, sino porque era muy lenta, muy triste, lúgubre, subía y bajaba y en nada se parecía al modo con que un hombre, en cualquier circunstancia natural de muerte o de vida, pudiese expresarse acerca de algún asunto. Cuando terminó la tragedia y a él le hicieron salir para recibir los gritos del público, dije a Herbert:
      Vámonos en seguida, porque, de lo contrario, corremos peligro de encontrarle.
    Bajamos tan aprisa como pudimos, pero aún no fuimos bastante rápidos, porque junto a la puerta había un judío, con cejas tan grandes que no podían ser naturales y que cuando pasábamos por su lado se fijó en mí y preguntó:
      ¿El señor Pip y su amigo?
    No hubo más remedio que confesar la identidad del señor Pip y de su amigo.
     El señor Waldengarver dijo el hombre quisiera tener el honor...
      ¿Waldengarver?   repetí.
    Herbert murmuró junto a mi oído:
     Probablemente es Wopsle.
      ¡Oh!   exclamé  . Sí. ¿Hemos de seguirle a usted?
      Unos cuantos pasos, hagan el favor.
    En cuanto estuvimos en un callejón lateral, se volvió, preguntando:
      ¿Qué le ha parecido a ustedes su aspecto? Yo le vestí.
    Yo no sabía, en realidad, cuál fue su aspecto, a excepción de que parecía fúnebre, con la añadidura de un enorme sol o estrella danesa que le colgaba del cuello, por medio de una cinta azul, cosa que le daba el aspecto de estar asegurado en alguna extraordinaria compañía de seguros. Pero dije que me había parecido muy bien.
      En la escena del cementerio   dijo nuestro guía  tuvo una buena ocasión de lucir la capa. Pero, a juzgar por lo que vi entre bastidores, me pareció que al ver al fantasma en la habitación de la reina, habría podido dejar un poco más al descubierto las medias.
    Asentí modestamente, y los tres atravesamos una puertecilla de servicio, muy sucia y que se abría en ambas direcciones, penetrando en una especie de calurosa caja de embalaje que había inmediatamente detrás. Allí, el señor Wopsle se estaba quitando su traje danés, y había el espacio estrictamente suficiente para mirarle por encima de nuestros respectivos hombros, aunque con la condición de dejar abierta la puerta o la tapa de la caja.
      Caballeros   dijo el señor Wopsle  . Me siento orgulloso de verlos a ustedes. Espero, señor Pip, que me perdonará el haberle hecho llamar. Tuve la dicha de conocerle a usted en otros tiempos, y el drama ha sido siempre, según se ha reconocido, un atractivo para las personas opulentas y de nobles sentimientos.
    Mientras tanto, el señor Waldengarver, sudando espantosamente, trataba de quitarse sus martas principescas.
      Quítese las medias, señor Waldengarver dijo el dueño de aquéllas;   de lo contrario, las reventará y con ellas reventará treinta y cinco chelines. Jamás Shakespeare pudo lucir un par más fino que éste. Estése quieto en la silla y déjeme hacer a mí.
    Diciendo así, se arrodilló y empezó a despellejar a su víctima, quien, al serle sacada la primera media, se habría caído atrás, con la silla, pero se salvó de ello por no haber sitio para tanto.
    Hasta entonces temí decir una sola palabra acerca de la representación. Pero en aquel momento, el señor Waldengarver nos miró muy complacido y dijo:
      ¿Qué les ha parecido la representación, caballeros?
    Herbert, que estaba tras de mí, me tocó y al mismo tiempo dijo:
      ¡Magnífica!
    Como es natural, yo repetí su exclamación, diciendo también:
      ¡Magnífica!
      ¿Les ha gustado la interpretación que he dado al personaje, caballeros?  preguntó el señor Waldengarver con cierto tono de protección.
    Herbert, después de hacerme una nueva seña por detrás de mí, dijo:
      Ha sido una interpretación exuberante y concreta a un tiempo.
    Por esta razón, y como si yo mismo fuese el autor de dicha opinión, repetí:
      Exuberante y concreta a un tiempo.
     Me alegro mucho de haber merecido su aprobación, caballeros   dijo el señor Waldengarver con digno acento, a pesar de que en aquel momento había sido arrojado a la pared y de que se apoyaba en el asiento de la silla.
      Pero debo advertirle una cosa, señor Waldengarver   dijo el hombre que estaba arrodillado,   en la que no pensó usted durante su representación. No me importa que alguien piense de otra manera. Yo he de decirselo. No hace usted bien cuando, al representar el papel de Hamlet, pone usted sus piernas de perfil. El último Hamlet que vestí cometió la misma equivocación en el ensayo, hasta que le recomendé ponerse una gran oblea roja en cada una de sus espinillas, y entonces en el ensayo (que ya era el último), yo me situé en la parte del fondo de la platea y cada vez que en la representación se ponía de perfil, yo le decía: «No veo ninguna oblea». Y aquella noche la representación fue magnífica.
    El señor Waldengarver me sonrió, como diciéndome: «Es un buen empleado y le excuso sus tonterías.» Luego, en voz alta, observó:
     Mi concepto de este personaje es un poco clásico y profundo para el público; pero ya mejorará éste, mejorará sin duda alguna.
      No hay duda de que mejorará   exclamamos a coro Herbert y yo.
      ¿Observaron ustedes, caballeros   dijo el señor Waldengarver  , que en el público había un hombre que trataba de burlarse del servicio..., quiero decir, de la representación?
    Hipócritamente contestamos que, en efecto, nos parecía haberlo visto, y añadí:
     Sin duda estaba borracho.
      ¡Oh, no! ¡De ninguna manera!   contestó el señor Wopsle  . No estaba borracho. Su amo ya habrá cuidado de evitarlo. Su amo no le permitiría emborracharse.
      ¿Conoce usted a su jefe?   pregunté.
    El señor Wopsle cerró los ojos y los abrió de nuevo, realizando muy despacio esta ceremonia.
      Indudablemente, han observado ustedes   dijo   a un burro ignorante y vocinglero, con la voz ronca y el aspecto revelador de baja malignidad, a cuyo cargo estaba el papel (no quiero decir que lo representó) de Claudio, rey de Dinamarca. Éste es su jefe, señores. Así es esta profesión.
    Sin comprender muy bien si deberíamos habernos mostrado más apenados por el señor Wopsle, en caso de que éste se desesperase, yo estaba apurado por él, a pesar de todo, y aproveché la oportunidad de que se volviese de espaldas a fin de que le pusieran los tirantes   lo cual nos obligó a salir al pasillo   para preguntar a Herbert si le parecía bien que le invitásemos a cenar. Mi compañero estuvo conforme, y por esta razón lo hicimos y él nos acompañó a la Posada de Barnard, tapado hasta los ojos. Hicimos en su obsequio cuanto nos fue posible, y estuvo con nosotros hasta las dos de la madrugada, pasando revista a sus éxitos y exponiendo sus planes. He olvidado en detalle cuáles eran éstos, pero recuerdo, en conjunto, que quería empezar haciendo resucitar el drama y terminar aplastándolo, pues su propia muerte lo dejaría completa e irremediablemente aniquilado y sin esperanza ni oportunidad posible de nueva vida.
    Muy triste me acosté, y con la mayor tristeza pensé en Estella. Tristemente soñé que habían desaparecido todas mis esperanzas, que me veía obligado a dar mi mano a Clara, la novia de Herbert, o a representar Hamlet con el espectro de la señorita Havisham, ello ante veinte mil personas y sin saber siquiera veinte palabras de mi papel.
    ....
    Charles Dickens (1812-1870) no necesita presentación. Es uno de los novelistas más universales, con obras costumbristas de profundo calado y reflejo de la sociedad de su tiempo como Oliver Twist, David Copperffield, Historia de dos ciudades, etc...
    Podéis seguir en profundidad su biografía en la Wikipedia, en castellano aquí.
    El fragmento que he elegido es de su novela Grandes Esperanzas, escrita entre 1860 y 1861, cuando el escritor se acercaba a los 50 años. En inglés es Great Expectations, que creo define mejor el sentido de la misma.  Su publicación fue y ha sido un éxito rotundo con incontables adaptaciones teatrales, cinematográficas... La curiosidad editorial es que fue publicada como novela por entregas en la publicación semanal All the Year Round, a razón de dos capítulos por número, desde diciembre de 1860 hasta agosto de 1861. Retrata la biografía de Pip desde 1812 con 7 años hasta 1840. En el capítulo que incluyo aparece por única vez la flauta.

    Saludos,



    薛雁群 y la flauta

    Dentro de nuestra serie de pinturas relacionadas con la flauta hoy os traigo a un pintor chino, cuyo nombre es Xue Yanqun y del que podéis averiguar lo que queráis en su página, enlazada en el título.

    Sus pinturas, en la que la mujer es omnipresente, se inspiran muchas veces en temas musicales y la flauta ocupa un lugar destacado en ellas. Os  pongo varias muestras de su trabajo con la flauta de motivo conductor.

    El Dúo Óleo sobre lienzo (130 x 97cms)

    El sonido de la Flauta Óleo sobre lienzo (100 x 72,5 cms)

    La flauta de oro Óleo sobre lienzo (80 x 65 cms)

    Luna llena Óleo sobre lienzo (100 x 72,5 cms)

    El sonido de la Primavera Óleo sobre lienzo (80 x 65 cms)

    Saludos,

    Le Pétomane

    También conocido como "el flautulista", fue un personaje real de nombre Joseph Pujol,  que vivió entre 1857 y 1945.


    La razón de incluirlo en el blog es su especial habilidad para tocar el flautín y la ocarina de un modo muy simple pero muy poco convencional. Como el nombre hace suponer nuestro protagonista era capaz de controlar su esfínter de manera que inspiraba y expiraba a su antojo, con las posibilidades que ello implica.


    Nacido en Marsella, como Rampal :-), venía de una familia de origen catalán. Trabajó en el Moulin Rouge, dio giras por toda Francia y le fueron a ver personalidades como el rey Leopoldo II de Bélgica.



    Hay una buena biografía suya en la Wikipedia en catalán, aquí. Es mejor que la versión castellana o francesa.

    Como la flauta es un instrumento de viento nuestro protagonista era capaz de tocar con el flautín melodías como Au clair de la lune, La Marsellesa o el "O sole mio". Lástima que no haya encontrado grabaciones sonoras de tamañas interpretaciones... 
    En 1979 hicieron una película dedicada a su figura y con el nombre Le Pétomane y hay otras versiones, una con el mismísimo Ugo Tognazzi


    También le han dedicado canciones como,


    Razón suficiente para dedicarle esta entrada.
    Saludos,

    El extraño caso del Escáner que amaba a Beethoven




    Sobran las palabras...
    Saludos,

    ¿Hay algo más que vampiros en Transilvania?

    Con la todavía reciente celebración de la americanizada noche de difuntos retomo una información sobre un concurso de flauta y clarinete que se va a celebrar en Rumanía, en los Cárpatos, en Transilvania.




    El concurso ya tiene sus años, lleva 12 ediciones y ésta será la 13 (qué miedo...).
    Se celebra en Cluj-Napoca, a las faldas de los Cárpatos Transilvanos, a principios de febrero del año que viene

    La información completa en rumano y en inglés está en la página del concurso, enlazada en el título.



    El concurso lleva el nombre del compositor rumano Georghe Dima (1847-1925), que falleció justamente en la localidad en la que se celebra el concurso.
    Algunos puntos de interés:



    • Es para menores de 35 años.
    • Cuesta 70 euros la inscripción.
    • El límite para inscribirse es el 15 de Enero 2011 ( con un máximo de 100 participantes por instrumento)
    • Se extenderá desde el 7 de Febrero al 11 (7 - Concierto inaugural, 8-9 primera Ronda Eliminatoria, 10 - Semifinal , 11 Final).
    • El jurado es básicamente de rumanos si bien estarán también Pierre Yves Artaud y el húngaro Balint  Janos.
    • Tres premios oficiales y cuatro premios especiales (ver página para el detalle). No están nada mal.
    Al loro con las obras a preparar:

    1ª Ronda

    1. C.Ph.E. Bach – Sonata para flauta Wq 132 en La menor

    2. Una de las siguientes obras

    E. Bozza – Image op. 38
    A. Honegger – Danse de la chèvre
    J. Ibert – Pièce
    J. Rivier – Oiseaux tendres
    S. Karg-Elert (30 caprices) – Chaconne op. 107


    Semi-Final


    3. Una sonata a elegir entre::

    S. Prokofiev – Sonata op. 94
    P. Hidemith – Sonata
    F. Poulenc – Sonata
    R. Muczynski – Sonata op.14
    C. Reinecke – Sonata „Undine”
    S. Toduţă – Sonata I
    H. Dutilleux – Sonatina
    D. Milhaud – Sonatina op. 76

    4. Una de las siguientes obras de compositors rumanos :
        (se pueden descargar desde la web)

    S. Toduţă – Sonata solo
    C. Ţăranu – Sonata rubato
    D. Voiculescu – Piccola Sonata
    V. Herman – Akes Samenos
    G. Firca – Polarités
    E. Terényi – Preludiul nr. 1
    D. Lipatti – Introduction and  Allegro        (Alphonse Leduc Edition)
    G. Ciobanu – Spatium Sonans
    T. Feraru – In the swiftness of Time

    5. Una de las obras en plan virtuoso:

    Th. Bőhm – Variaciones sobre “Nel cor piu”
    Th. Bőhm – Grand Polonaise op. 16
    F. Borne – Carmen Fantasy
    A. Casella – Siciliana y Burlesca op. 23
    P. Taffanel – Fantasía sobre la ópera “Der Freischütz” de C. M. von Weber
    S. Karg Elert – Sonata Appassionata op. 140
    A. Jolivét – Chant de Linos
    E. von Dohnányi – Passacaglia op. 48 nr.2
    F.Martin – Ballade


    Final

    6) W.A. Mozart – Flute Concerto in G Major, Kv 313

    En la final los candidatos serán acompañados por la "Transilvania" Symphonic Orchestra de la localidad.

    Buena ocasión para hacer turismo y soplar...

    Saludos,

    Flauta Activa

    Por fin he terminado el lío profesional en el que estaba metido hasta las cejas y puedo retomar el hilo del blog.

    Tengo, como cada vez que me pasa esto, un buen número de entradas retrasadas, así que voy a ir poniéndome la día lo más rápidamente posible.

    Empiezo por este proyecto que da título a la entrada y que capitanea la A.F.E.


    En el título tenéis el enlace a la página en la que se explica el qué y el por qué.


    Cito literalmente:
    "Este proyecto esta pensado para mejorar la preparación del flautista frente a las audiciones de orquesta e intentar ampliar su visión del  repertorio orquestal  y de las obras que generalmente son las obligadas.
     “FLAUTA ACTIVA” constará de  diez sesiones (una mensual) entre diciembre de 2010 y diciembre de 2011. En cada sesión contaremos con un solista de orquesta de primera fila, tanto de nuestra geografía como de otros países: Juana Guillén, Álvaro Octavio, Miguel Ángel Angulo, Mónica Raga, Ricardo Borrull, Franke Oesmann, Nicola Mazzanti, Crhistian Farroni, Diane Winsor, Mª Antonia Rodríguez, Salvador Martínez, entre otros."
    Hasta aquí la cita.
    Menudo panorama. La cosa empieza el 11 de Diciembre con Joana Guillem 


    y será en el RCSM (donde se hizo la Convención) de Madrid.
    Son 8 alumnos activos y las plazas ya están completas (como era de esperar dado mi retraso en hacer la entrada), pero siempre hay al opción nada despreciable de asistir como oyente.

    Los precios no son nada escandalosos. Hablamos de:
    • Alumno activo AFE: 40€
    • Alumno activo no socio AFE: 60€
    • Alumno oyente AFE: Gratuito
    • Alumno oyente no socio AFE: 20€
    Si bien como he dicho los activos para esta sesión ya están completos.
    Estad al tanto de las próximas sesiones y no os las perdáis si tenéis la ocasión de asistir.
    Las obras que se van a trabajar son:

    OBRA PRINCIPAL


    W.A.Mozart: Concierto en Sol M.(1er tiempo)

    SOLOS DE ORQUESTA
          Manuel de Falla:"el Sombrero de Tres Picos"(Completo)
          Manuel de Falla:"El Amor Brujo"

          Ruperto Chapí: "Preludio"
          Johannes Brahms: IV Sinfonía
          Georges Bizet: L'Arlésienne -suite nº2. III Menuet 
          Ludwig van Beethoven: 3ª Sinfonía

          Igor Strawinsky: Petruschka (incluida la Cadencia)


    Saludos,

    martes, 19 de octubre de 2010

    What the hell is this?

    Hoy voy a tener un día muy largooo. Tengo un proyecto profesional a medias que tengo que acabarlo hoy y además luego por la tarde tengo que dar un curso, así que voy a estar muy liado. Para no tomármelo demasiado en serio he decidido por empezar limpiando correo, news, RSS y demás cosas entretenidas y dando un repaso a la carpeta de frikerías varias.

    Y me he encontrado con este vídeo, que será mi legado de hoy a la posteridad del blog...

    Una versión muy sui generis de la Rapsodia Bohemia de Queen. A ver quién dice que las flautas de pico no pueden tener glissando...


    Mira que somos raritos, el vídeo tiene casi 2.000.000 de visitas...
    Otra vez no siento las piernas. 

    Saludos,

    lunes, 18 de octubre de 2010

    1927-1977 en Bélgica y lo ignorante que soy

    Dentro de nuestra serie de sellos, tengo uno de Bélgica que conmemora algo, que por pura ignorancia no sé qué es, relacionado con la música. La ONB es de 1931 y la Filarmónica de Lieja es de 1960 y el resto que he visto en la red tampoco coinciden con la fecha así que me rindo.
    Algo de música debe ser porque si no el atril no tiene sentido.

    El caso es que para ello Bélgica eligió una pintura del pintor Edgard Tytgat (1879-1957), en la que The Man in Black, sin contar el director, es nuestro flautista. El sello se emitió en 1977
    Si alguno sabe qué se celebra en el sello me encantaría saberlo.



    Saludos,