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martes, 9 de marzo de 2010

La flauta en el Hobbit de J.R.R. Tolkien

Siguiendo con nuestra intención de extraer partes de obras literarias en las que se cita expresamente a la flauta, hoy llegamos al libro de fantasía El Hobbit, el prólogo a la trilogía de "El Señor de los Anillos".
En este libro sólo se menciona la flauta una vez, al principio de la historia, cuando se prepara el viaje de Bilbo Bolsón.

Este es todo el fragmento que he escogido,

" ...

Y desde luego no hicieron ninguna de estas cosas terribles, y todo se limpió y se guardó a la velocidad del rayo, mientras el hobbit daba vueltas y más vueltas en medio de la cocina intentando ver qué hacían. Al fin regresaron, y encontraron a Thorin con los pies en el guardafuego fumándose una pipa. Estaba haciendo unos enormes anillos de humo, y dondequiera que le dijera a uno que fuese, allí iba —chimenea arriba, o detrás del reloj sobre la repisa, o bajo la mesa, o girando y girando en el techo—, pero dondequiera que fuesen no eran bastante rápidos para escapar a Gandalf. ¡Pop! De la pipa de barro de Gandalf subía en seguida un anillo más pequeño que atravesaba el último anillo de Thorin. Luego el anillo de Gandalf tomaba un color verde, y bajaba a flotar sobre la cabeza del mago. Tenía ya toda una nube alrededor, y a la luz indistinta parecía una figura extraña y fantasmagórica. Bilbo permanecía inmóvil y observaba —le encantaban los anillos de humo— y se sonrojó al recordar qué orgulloso había estado de los anillos que en la mañana anterior lanzara al viento sobre La Colina.

—¡Ahora un poco de música! —dijo Thorin—. ¡Sacad los instrumentos!

Kili y Fíli se apresuraron a buscar las bolsas y trajeron unos pequeños violines; Dori, Nori y Ori sacaron unas flautas de algún bolsillo de los capotes; Bombur tamborileó desde el vestíbulo; Bifur y Bofur salieron también, y volvieron con unos clarinetes que habían dejado entre los bastones. Dwalin y Balin dijeron:

—¡Disculpadme, dejé el mío en el porche! —Y Thorin dijo: —¡Trae el mío también! —Regresaron con unas violas tan grandes como ellos mismos, y con el arpa de Thorin envuelta en una tela verde. Era una hermosa arpa dorada, y cuando Thorin la rasgueó, los otros enanos empezaron juntos a tocar una música, tan súbita y dulcemente que Bilbo olvidó todo lo demás, y fue transportado a unas tierras distantes y oscuras, bajo lunas extrañas, lejos de Delagua y muy lejos del agujero—hobbit bajo La Colina.

La oscuridad penetró en la habitación por el ventanuco que se abría en la ladera de La Colina; el fuego parpadeaba —era abril— y aún seguían tocando, mientras la sombra de la barba de Gandalf danzaba contra la pared.

La oscuridad invadió toda la habitación, y el fuego se extinguió y las sombras se borraron; y todavía seguían tocando. Y de pronto, uno primero y luego otro, mientras tocaban, entonaron el canto grave que antaño cantaran los enanos, en lo más hondo de las viejas moradas, y estas líneas son como un fragmento de esa canción, aunque no hay comparación posible sin la música.

Más allá de las frías y brumosas montañas,

a mazmorras profundas y cavernas antiguas,

en busca del metal amarillo encantado,

hemos de ir, antes que el día nazca.

Los enanos echaban hechizos poderosos

mientras las mazas tañían como campanas,

en simas donde duermen criaturas sombrías,

en salas huecas bajo las montañas.

Para el antiguo rey y el señor de los Elfos

los enanos labraban martilleando

un tesoro dorado, y la luz atrapaban

y en gemas la escondían en la espada.

En collares de plata ponían y engarzaban

estrellas florecientes, el fuego del dragón

colgaban en coronas, en metal retorcido

entretejían la luz de la luna y del sol.

Más allá de las frías y brumosas montañas,

a mazmorras profundas y cavernas antiguas

a reclamar el oro hace tiempo olvidado,

hemos de ir, antes que el día nazca.

Allí para ellos mismos labraban las vasijas

y las arpas de oro; pasaban mucho tiempo

donde otros no cavaban; y allí muchas canciones

cantaron que los hombres o los Elfos no oyeron.

Los vientos ululaban en medio de la noche,

y los pinos rugían en la cima.

El fuego era rojo, y llameaba extendiéndose,

los árboles como antorchas de luz resplandecían.

Las campanas tocaban en el valle,

y hombres de cara pálida observaban el cielo,

la ira del dragón, más violenta que el fuego,

derribaba las torres y las casas.

La montaña humeaba a la luz de la luna;

los enanos oyeron los pasos del destino,

huyeron y cayeron y fueron a morir

a los pies del palacio, a la luz de la luna.

Más allá de las hoscas y brumosas montañas,

a mazmorras profundas y cavernas antiguas

a quitarle nuestro oro y las arpas,

¡hemos de ir, antes que el día nazca!

Mientras cantaban, el hobbit sintió dentro de él el amor de las cosas hermosas hechas a mano con ingenio y magia; un amor fiero y celoso, el deseo de los corazones de los enanos. Entonces algo de los Tuk renació en él: deseó salir y ver las montañas enormes, y oír los pinos y las cascadas, y explorar las cavernas, y llevar una espada en vez de un bastón. Miró por la ventana. Las estrellas asomaban fuera en el cielo oscuro, sobre los árboles. Pensó en las joyas de los enanos que brillaban en las cavernas tenebrosas. De repente, en el bosque de más allá de Delagua se alzó un fuego, —quizá alguien encendía una hoguera— y pensó en dragones devastadores que invadían la pacífica Colina envolviendo todo en llamas. Se estremeció; y en seguida volvió a ser el sencillo señor Bolsón, de Bolsón Cerrado, Sotomonte otra vez.

Se incorporó temblando. Tenía muy pocas ganas de traer la lámpara, y apenas un poco más de pretender que iba a buscarla y marcharse y esconderse luego en la bodega detrás de los barriles de cerveza y no salir más hasta que los enanos se fueran. De pronto advirtió que la música y el canto habían cesado y que todos lo miraban con ojos brillantes en la oscuridad.

..."

Fin del fragmento.

J.R.R. Tolkien (1892-1973), el longevo escritor británico, fue profesor en Oxford, donde conoció a C.S. Lewis. Éste le animó a publicar la historia que justifica esta entrada, con reticencias por parte de Tolkien que lo consideraba un cuento inventado para entretener a sus hijos. El libro interesó a pequeños y mayores, de tal manera que los editores le pidieron que hiciera una continuación de la historia...

Lewis, que luego escribiría las crónicas de Narnia, fue junto a Tolkien participante activo del grupo Inklinks , con fuertes raíces cristianas en los que se discutíany comentaban las obras de los integrantes. Lewis y Tolkien aportaron tod un mundo de fantasía que en el caso del primero sería Narnia y en el caso de Tolkien la Tierra Media.

En la wikipedia encontraréis información bastante completa de Tolkien, aquí.

Saludos,



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