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martes, 23 de marzo de 2010

Mariana Pineda - FGL

Dentro de nuestro particular recorrido por la obra de Lorca, hoy nos detendremos en la obra Mariana Pineda de 1925, Romance popular en tres estampas, dedicada a la gran actriz y musa Margarida Xirgu y basada en los últimos días de la heroina liberal granadina Mariana Pineda, ajusticiada en 1831 con 26 años de edad.

La flauta aparece una sola vez en el romance, en la tercera estampa, escena VII, en boca de una de las dos novicias que aparecen. Esta es la escena completa:

Escena VII

Suena el esquilón de las monjas. Por el fondo aparecen varias de ellas, que cruzan la escena y se santiguan al pasar ante una Virgen de los Dolores que, con el corazón atravesado de puñales, llora en el muro, cobijada por un inmenso arco de flores amarillas y plateadas de papel. Entre ellas se destacan las Novicias 1 y 2. Los cipreses comienzan a teñirse de luz dorada.

Novicia 1:
¡Qué gritos! ¿Tú los sentiste?

Novicia 2:
Desde el jardín; y sonaban
como si estuvieran lejos.
¡Inés, yo estoy asustada!

Novicia 1:
¿Dónde estará Marianita,
rosa y jazmín de Granada?

Novicia 2:
Está esperando a su novio.

Novicia 1:
Pero su novio ya tarda.
¡Si la vieras cómo mira
por una y otra ventana!
Dice: «Si no hubiera sierras,
lo vería en la distancia.»

Novicia 2:
Ella lo espera segura.

Novicia 1:
¡No vendrá por su desgracia!

Novicia 2:
¡Marianita va a morir!
¡Hay otra luz en la casa!

Novicia 1:
¡Y cuánto pájaro! ¿Has visto?
Ya no caben en las ramas
del jardín ni en los aleros;
nunca vi tantos, y al alba,
cuando se siente la Vela,
cantan y cantan y cantan...

Novicia 2:
... y al alba
despiertan brisas y nubes
desde el frescor de las ramas.

Novicia 1:
... y al alba
por cada estrella que muere
nace diminuta flauta.

Novicia 2:
¿Y ella?.. ¿Tú las has visto? Ella
me parece amortajada
cuando cruza el coro bajo
con esa ropa tan blanca.

Novicia 1:
¡Qué injusticia! Esta mujer
de seguro fue engañada.

Novicia 2:
¡Su cuello es maravilloso!

Novicia 1: (Llevándose instintivamente las manos al cuello.)
Sí, pero...

Novicia 2:
Cuando lloraba
me pareció que se le iba
a deshojar en la falda.
(Se acercan las monjas.)

Monja 1:
¿Vamos a ensayar la Salve?

Novicia 1:
¡Muy bien!

Novicia 2:
Yo no tengo gana.

Monja 1:
Es muy bonita.

Novicia 1: (Hace una señal a las demás y se dirigen rápidamente al foro.)
¡Y difícil!
(Aparece Mariana por la puerta de la izquierda, y al verla se retiran todas con disimulo.)

Mariana: (Sonriendo.)
¿Huyen de mí?

Novicia 1: (Temblando.)
¡Vamos a la...!

Novicia 2: (Turbada.)
Nos íbamos... yo decía...
Es muy tarde.

Mariana: (Con bondad irónica.)
¿Soy tan mala?

Novicia 1: (Exaltada.)
¡No, señora! ¿Quién lo dice?

Mariana:
¿Qué sabes tú, niña?

Novicia 2: (Señalando a la primera.)
¡Nada!

Novicia 1:
¡Pero la queremos todas!
(Nerviosa.)
¿No lo está usted viendo?

Mariana: (Con amargura.)
¡Gracias!
(Mariana se sienta en el banco, con las manos cruzadas y la cabeza caída, en una divina actitud de tránsito.)

Novicia 1:
¡Vámonos!

Novicia 2:
¡Ay, Marianita,
rosa y jazmín de Granada,
que está esperando a su novio,
pero su novio se tarda!
(Se van.)

Mariana:
¡Quién me hubiera dicho a mí!...
Pero ¡paciencia!

Carmen: (Que entra.)
¡Mariana!
Un señor que trae permiso
del juez, viene a visitarla.

Mariana: (Levantándose, radiante.)
¡Que pase! ¡Por fin, Dios mío!
(Sale la monja. Mariana se dirige a una cornucopia que hay en la pared y, llena de su delicado delirio, se arregla los bucles y el escote.)
Pronto..., ¡qué segura estaba!
Tendré que cambiarme el traje:
me hace demasiado pálida.

Fin de la escena VII

Saludos,

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