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miércoles, 18 de agosto de 2010

Cree en lo que haces, cree en tí.

Muchas veces la percepción que tienen los demás de nosotros tiene mucho que ver con nuestra forma de comportarnos, que a su vez, está muy influenciada por nuestra forma de ver las cosas y de creer en ellas.

Un buen ejemplo de ello es la historia de Nemorino, un joven ingenuo y un poco (bastante) tonto, enamorado de Adina, una mujer mucho más segura de si misma y de una buena posición social.
Adina no hace ni caso de Nemorino... Un día Dulcamara, un curandero ambulante, le propone a Nemorino venderle una poción mágica que hará que Adina se muera por sus huesos.

La poción, como es de suponer, no es más que vino de Burdeos. Sin embargo, Nemorino cree en ella y modifica su comportamiento de modo que consigue llegar a llamar la atención de Adina y, finalmente, su amor.

Esta es la historia del Elisir d'Amore, del que ya hablamos hace un año y tres días.
Como en casi todo, cada cual tiene su opinión sobre el argumento, pero yo estoy convencido que la clave del éxito final de Nemorino es la confianza en si mismo, obtenida con medios poco convencionales, pero que le lleva a actuar con una mayor seguridad.

De nuevo os dejo otra interpretación para la romanza más conocida de la ópera, aquella en la que Nemorino canta lo de la furtiva lágrima en los ojos de su amada...

En esta ocasión la flautista es Andrea, mi hija.


Saludos,

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