

El mundo de la flauta travesera y la música en general visto por no flautistas


El Teatro Monumental es el lugar habitual en el que se escuchan los conciertos de la Orquesta de Radiotelevisión Española. Hoy es una transmisión un poco especial y que apetece oír e incluso, si estás en Madrid, acercarse a verla.
Es el concierto con los Galardonados este año de las Juventudes Musicales de España en su edición de 2009. Que bajo la batuta de Franz Paul Decker y la Orquesta de RTVE estarán: la soprano Helena Orcoyen, el tenor Javier Alonso, y la joven flautista catalana, a la que incluimos en nuestra galería desde ya,
Laia Bobi

Laia Bobi Frutos nace en Barcelona en 1985. Se inicia en el mundo de la flauta con sólo siete años de edad. Estudia con Joan Vayreda en l’Escola Municipal de Mùsica de Sant Andreu (Barrio de Barcelona). Obtiene Matrícula de Honor en el Conservatorio Municipal de Música de Barcelona el año 2003, bajo la tutela de Dolors Serra. Prosigue sus estudios superiores en la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC) con Vicenç Prats, y los completa en Colonia (Alemania) desde el año 2005 con Robert Winn, Thaddeus Watson y Dirk Peppel.
Actualmente también trabaja con Carlos Bruneel en el Koninklijk Conservatorium de Bruselas. Desde 2006 ha sido becada por el Ministerio de Cultura de España, la Generalitat de Catalunya y por la Fundación Yehudi Menuhin “Live Music Now” para su estancia en Alemania.
En el apartado de clases magistrales, ha recibido consejos de flautistas como Peter-Lukas Graff, Pierre-Ives Artaud, Benoit Fromanger, Jaime Martín, François Laurent, Janos Balint y Felix Rengli, y en su faceta camerística de El Quartet Casals, Luca Chiantore y Hanna Liu.
Ha sido premiada en el Concurso de Música Genís Sala de Santa Perpetua de la Mogoda (1997), el Concurso de Interpretación Musical Arjau (Barcelona, 1999), Concurso Instrumental Sant Anastasi de Lleida (2003), Primer Palau de Barcelona (2009) y el Concurso Internacional de Flauta de Friedrich Kuhlau en Alemania. El año pasado obtuvo el primer premio por unanimidad en el Concurso Permanente de Jóvenes Intérpretes de Juventudes Musicales de España. De este evento hay una colección fantástica de fotografías publicadas en Flickr por Juan Luis GX, en las que Laia ha salido fenomenal, enlazadas aquí.

Laia es miembro de diversas orquestas jóvenes como la Fes-la Sonar de l’Auditori de Barcelona, la Jove Orquestra Nacional de Catalunya y la Orquesta de la Universidad de Colonia y ha colaborado con la Orquesta Philharmonie Südwestfalen y la Orquesta de la Ópera de la Monnaie de Bruselas.
Ha actuado también en solitario en varias poblaciones catalanas, en Madrid y Santiago de Compostela, y en Alemania, Francia, Bélgica, Italia y Noruega. Ha grabado junto al pianista Paul Perera para Catalunya Música y Catalunya Ràdio. También forma grupo con el pianista rumano Cosmin Boeru, con el que se la ha escuchado este verano en muchos lugares de la geografía catalana.
De allí a poco comenzaron a entrar por diversas partes de la enramada muchas y diferentes danzas, entre las cuales venía una de espadas, de hasta veinte y cuatro zagales de gallardo parecer y brío, todos vestidos de delgado y blanquísimo lienzo, con sus paños de tocar, labrados de varias colores de fina seda; y al que los guiaba, que era un ligero mancebo, preguntó uno de los de las yeguas si se había herido alguno de los danzantes.
-Por ahora, bendito sea Dios, no se ha herido nadie: todos vamos sanos.
Y luego comenzó a enredarse con los demás compañeros, con tantas vueltas y con tanta destreza que, aunque don Quijote estaba hecho a ver semejantes danzas, ninguna le había parecido tan bien como aquélla.
También le pareció bien otra que entró de doncellas hermosísimas, tan mozas que, al parecer, ninguna bajaba de catorce ni llegaba a diez y ocho años, vestidas todas de palmilla verde, los cabellos parte tranzados y parte sueltos, pero todos tan rubios, que con los del sol podían tener competencia, sobre los cuales traían guirnaldas de jazmines, rosas, amaranto y madreselva compuestas. Guiábalas un venerable viejo y una anciana matrona, pero más ligeros y sueltos que sus años prometían. Hacíales el son una gaita zamorana, y ellas, llevando en los rostros y en los ojos a la honestidad y en los pies a la ligereza, se mostraban las mejores bailadoras del mundo.
Tras ésta entró otra danza de artificio y de las que llaman habladas. Era de ocho ninfas, repartidas en dos hileras: de la una hilera era guía el dios Cupido, y de la otra, el Interés; aquél, adornado de alas, arco, aljaba y saetas; éste, vestido de ricas y diversas colores de oro y seda. Las ninfas que al Amor seguían traían a las espaldas, en pargamino blanco y letras grandes, escritos sus nombres: poesía era el título de la primera, el de la segunda discreción, el de la tercera buen linaje, el de la cuarta valentía; del modo mesmo venían señaladas las que al Interés seguían: decía liberalidad el título de la primera, dádiva el de la segunda, tesoro el de la tercera y el de la cuarta posesión pacífica. Delante de todos venía un castillo de madera, a quien tiraban cuatro salvajes, todos vestidos de yedra y de cáñamo teñido de verde, tan al natural, que por poco espantaran a Sancho. En la frontera del castillo y en todas cuatro partes de sus cuadros traía escrito: castillo del buen recato. Hacíanles el son cuatro diestros tañedores de tamboril y flauta.
Comenzaba la danza Cupido, y, habiendo hecho dos mudanzas, alzaba los ojos y flechaba el arco contra una doncella que se ponía entre las almenas del castillo, a la cual desta suerte dijo:
-Yo soy el dios poderoso
en el aire y en la tierra
y en el ancho mar undoso,
y en cuanto el abismo encierra
en su báratro espantoso.
Nunca conocí qué es miedo;
todo cuanto quiero puedo,
aunque quiera lo imposible,
y en todo lo que es posible
mando, quito, pongo y vedo.
Acabó la copla, disparó una flecha por lo alto del castillo y retiróse a su puesto. Salió luego el Interés, y hizo otras dos mudanzas; callaron los tamborinos, y él dijo:
-Soy quien puede más que Amor,
y es Amor el que me guía;
soy de la estirpe mejor
que el cielo en la tierra cría,
más conocida y mayor.
Soy el Interés, en quien
pocos suelen obrar bien,
y obrar sin mí es gran milagro;
y cual soy te me consagro,
por siempre jamás, amén.
Retiróse el Interés, y hízose adelante la Poesía; la cual, después de haber hecho sus mudanzas como los demás, puestos los ojos en la doncella del castillo, dijo:
-En dulcísimos conceptos,
la dulcísima Poesía,
altos, graves y discretos,
señora, el alma te envía
envuelta entre mil sonetos.
Si acaso no te importuna
mi porfía, tu fortuna,
de otras muchas invidiada,
será por mí levantada
sobre el cerco de la luna.
Desvióse la Poesía, y de la parte del Interés salió la Liberalidad, y, después de hechas sus mudanzas, dijo:
-Llaman Liberalidad
al dar que el estremo huye
de la prodigalidad,
y del contrario, que arguye
tibia y floja voluntad.
Mas yo, por te engrandecer,
de hoy más, pródiga he de ser;
que, aunque es vicio, es vicio honrado
y de pecho enamorado,
que en el dar se echa de ver.
Deste modo salieron y se retiraron todas las dos figuras de las dos escuadras, y cada uno hizo sus mudanzas y dijo sus versos, algunos elegantes y algunos ridículos, y sólo tomó de memoria don Quijote -que la tenía grande- los ya referidos; y luego se mezclaron todos, haciendo y deshaciendo lazos con gentil donaire y desenvoltura; y cuando pasaba el Amor por delante del castillo, disparaba por alto sus flechas, pero el Interés quebraba en él alcancías doradas.
Finalmente, después de haber bailado un buen espacio, el Interés sacó un bolsón, que le formaba el pellejo de un gran gato romano, que parecía estar lleno de dineros, y, arrojándole al castillo, con el golpe se desencajaron las tablas y se cayeron, dejando a la doncella descubierta y sin defensa alguna. Llegó el Interés con las figuras de su valía, y, echándola una gran cadena de oro al cuello, mostraron prenderla, rendirla y cautivarla; lo cual visto por el Amor y sus valedores, hicieron ademán de quitársela; y todas las demostraciones que hacían eran al son de los tamborinos, bailando y danzando concertadamente. Pusiéronlos en paz los salvajes, los cuales con mucha presteza volvieron a armar y a encajar las tablas del castillo, y la doncella se encerró en él como de nuevo, y con esto se acabó la danza con gran contento de los que la miraban.
..."
Saludos,
- Flauta Brannen-Cooper 9K Número de Serie 95.104 Pata convertible. Boquilla Faulisi 14K.(No es la de la foto).
- Piccolo Hammig - Boquilla Fisher. (El de la foto).
- Estuche combinado Flauta-Flautín. Funda Nylon/Borrego blanco.(El de la foto)
San Antonio, San Antonio,
los cojones le ato;
como no me lo devuelvan,
no se los desato.
Saludos tristes,

Gabriel Goñi Dondi nace un nueve de enero en Costa Rica.
Inicia sus estudios musicales en 1984 en el Instituto Nacional de Música de la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la tutela del profesor Carlos Castillo.
Ha formado parte en dos ocasiones de la Orquesta Sinfónica Juvenil de las Américas en Puerto Rico 1986 y 1988.
En 1988 es invitado al Festival de Música de Sewanee, Tennesse, donde regresa en 1990 como profesor asistente.

En 1989 ingresa en la New World School of the Arts de Miami, donde estudia música de cámara con John DeLancie y flauta con Christine Nield (alumna de Marcel Moyse).
Es seleccionado por el Estado de Florida para participar como ejecutante en las clases magistrales de James Galway durante su gira de 1990.
En 1991 es invitado para continuar sus estudios en la prestigiosa y exclusiva Juilliard School de Nueva York con los Profesores Carol Wincenc y Samuel Baron.
Complementariamente ha complementado su formación con maestros de la talla de James Galway, Eldred Spell, Toshiko Kohno, William Bennet, Dieter Flury, Susan Milán o el noruego Gro Sandvik, entre otros.
En 1992 forma parte del Pacific Music Festival y de la Orquesta Sinfónica del Pacífico en Sapporo, Japón.
Ha actuado como intérprete por toda la América Latina y Europa.
Ha sido galardonado con el premio Myrna Brown for the International Artists 2000 de la Asociación Nacional de Flautistas de América, premio que es otorgado a los flautistas más sobresalientes del momento y el Art Leadership Award of the Americas 2004 por su contribución al desarrollo de la Orquesta Juvenil de las Américas.
Ha sido Director Académico del Instituto Nacional de Música de Costa Rica desde 1997 al 2000 y Director General de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica del 2000 al 2002. Director de programas de la Orquesta Juvenil de las Américas durante el 2003 y 2004.
Actualmente es flautista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica, profesor del Instituto Nacional de Música, del Quinteto de Maderas de Costa Rica, Miembro del Directorio de la Orquesta Juvenil de las Américas, profesor invitado de la Universidad de Miami, miembro de la Sociedad Moyse y consultor de los fluthiers de Emanuel Flutes.

Saludos,
Y, apeándose con gran presteza de su jumento, tiró con furia de una de las espadas que llevaba el licenciado en el suyo.
-No ha de ser así -dijo a este instante don Quijote-, que yo quiero ser el maestro desta esgrima, y el juez desta muchas veces no averiguada cuestión.
Y, apeándose de Rocinante y asiendo de su lanza, se puso en la mitad del camino, a tiempo que ya el licenciado, con gentil donaire de cuerpo y compás de pies, se iba contra Corchuelo, que contra él se vino, lanzando, como decirse suele, fuego por los ojos. Los otros dos labradores del acompañamiento, sin apearse de sus pollinas, sirvieron de aspetatores en la mortal tragedia. Las cuchilladas, estocadas, altibajos, reveses y mandobles que tiraba Corchuelo eran sin número, más espesas que hígado y más menudas que granizo. Arremetía como un león irritado, pero salíale al encuentro un tapaboca de la zapatilla de la espada del licenciado, que en mitad de su furia le detenía, y se la hacía besar como si fuera reliquia, aunque no con tanta devoción como las reliquias deben y suelen besarse.
Finalmente, el licenciado le contó a estocadas todos los botones de una media sotanilla que traía vestida, haciéndole tiras los faldamentos, como colas de pulpo; derribóle el sombrero dos veces, y cansóle de manera que de despecho, cólera y rabia asió la espada por la empuñadura, y arrojóla por el aire con tanta fuerza, que uno de los labradores asistentes, que era escribano, que fue por ella, dio después por testimonio que la alongó de sí casi tres cuartos de legua; el cual testimonio sirve y ha servido para que se conozca y vea con toda verdad cómo la fuerza es vencida del arte.
Sentóse cansado Corchuelo, y llegándose a él Sancho, le dijo:
-Mía fe, señor bachiller, si vuesa merced toma mi consejo, de aquí adelante no ha de desafiar a nadie a esgrimir, sino a luchar o a tirar la barra, pues tiene edad y fuerzas para ello; que destos a quien llaman diestros he oído decir que meten una punta de una espada por el ojo de una aguja.
-Yo me contento -respondió Corchuelo- de haber caído de mi burra, y de que me haya mostrado la experiencia la verdad, de quien tan lejos estaba.
Y, levantándose, abrazó al licenciado, y quedaron más amigos que de antes, y no queriendo esperar al escribano, que había ido por la espada, por parecerle que tardaría mucho; y así, determinaron seguir, por llegar temprano a la aldea de Quiteria, de donde todos eran.
En lo que faltaba del camino, les fue contando el licenciado las excelencias de la espada, con tantas razones demostrativas y con tantas figuras y demostraciones matemáticas, que todos quedaron enterados de la bondad de la ciencia, y Corchuelo reducido de su pertinacia.
Era anochecido, pero antes que llegasen les pareció a todos que estaba delante del pueblo un cielo lleno de inumerables y resplandecientes estrellas. Oyeron, asimismo, confusos y suaves sonidos de diversos instrumentos, como de flautas, tamborinos, salterios, albogues, panderos y sonajas; y cuando llegaron cerca vieron que los árboles de una enramada, que a mano habían puesto a la entrada del pueblo, estaban todos llenos de luminarias, a quien no ofendía el viento, que entonces no soplaba sino tan manso que no tenía fuerza para mover las hojas de los árboles. Los músicos eran los regocijadores de la boda, que en diversas cuadrillas por aquel agradable sitio andaban, unos bailando, y otros cantando, y otros tocando la diversidad de los referidos instrumentos. En efecto, no parecía sino que por todo aquel prado andaba corriendo la alegría y saltando el contento.
Otros muchos andaban ocupados en levantar andamios, de donde con comodidad pudiesen ver otro día las representaciones y danzas que se habían de hacer en aquel lugar dedicado para solenizar las bodas del rico Camacho y las exequias de Basilio. No quiso entrar en el lugar don Quijote, aunque se lo pidieron así el labrador como el bachiller; pero él dio por disculpa, bastantísima a su parecer, ser costumbre de los caballeros andantes dormir por los campos y florestas antes que en los poblados, aunque fuese debajo de dorados techos; y con esto, se desvió un poco del camino, bien contra la voluntad de Sancho, viniéndosele a la memoria el buen alojamiento que había tenido en el castillo o casa de don Diego."
Segunda Parte de El Quijote de la Mancha, 1615 - Miguel de Cervantes Saavedra








